Maternidad Espiritual - Patricia Galaz
- Paty Galaz
- 23 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Amor, reflexión y autoestima
Maternidad Espiritual
Hay un silencio mágico en el vientre materno desde la concepción, e incluso antes, porque el bebé trata impresionantemente de establecer enlaces de comunicación con quienes serán sus padres. La maternidad los incluye a ambos. Ese silencio mágico los une a los tres a través del amor. El embarazo es una etapa importante y ayuda a sanar muchas cosas entre la pareja. En la medida en que crece el amor entre ellos, entre ellos desaparece el miedo y se armonizan los tres para experimentar juntos el momento de nacer. Al mismo tiempo que se gesta el bebé dentro del organismo materno, también se gesta la “madre” en cada mbarazo y para cada uno de sus hijos. Aunque una mujer tenga muchos hijos, la “madre” es distinta para cada uno de ellos. La madre necesita mucha fortaleza para serlo. Por eso debe acompañarse de su esposo o incluso de su familia. La matriz es sólo un lugar, un espacio para albergar al bebé durante su desarrollo. El embarazo es un proceso de acep- tación al caudal de amor que tienen las madres; les permite mostrar su capacidad creativa para entender las necesidades de afecto, de cuidado y de alimento que tendrán los pequeños al nacer.

La embarazada es fuente de vida, bendición y armonía para todos los que la rodean, en especial para su esposo. Para él, participar en su maternidad es tomar la miel que hay en ella.
La maternidad es un tiempo de reflexión, de solución, de perdón. Es un momento propicio para lograr la paz. El embarazo es el momento para restablecer una relación rota con parientes y amigos.
También es el momento de trabajar la autoestima. Sentirse hermosa, radiante, agradecida y agradada con la redondez de su cuerpo. La pareja debe reaccionar embarazadamente. Deben mantener su intimidad y su privacidad. Pasar mucho tiempo juntos. Acercarse a la naturaleza, en paseos y diversiones. El hombre puede dar masaje al cuerpo de su esposa en forma gentil y cariñosa, con aceites y crema de rosas o de azahares, o baños de tina con agua, no muy caliente, ni muy prolongados para suavizar los músculos tensos.
La madre no debe temer al parto. Cuando el alma de la madre y el alma del hijo se conectan en su luz para alcanzar la vida, la madre responde a la naturaleza que lleva dentro. La mujer se debe relacionar con su parto, apoyada y acompañada del esposo. El bebé tiene que relacionarse con el parto de su madre también y ambos, trabajar unidos para alcanzar el camino de la vida. El padre tiene que relacionarse con el corazón, con la emoción y la vida para apoyarlos a ambos en el momento de nacer.
Cada alma tiene su momento para nacer. No permitan que las circunstancias hagan el parto. El cosmos en sus movimientos tiene matices de energía, las amlas esperan esos matices para bajar y nacer custodiados en el portal por los ángeles de la maternidad que los ayudan mientras la madre hace su labor para formar el canal de parto, y llegado el momento, alcancar juntos la magia dl nacimiento, ¡como si Dios los besara!




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